Eccediciones
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Un hombre y su alma

Los acontecimientos de Maldad Eterna: Plaga llegan a su fin. En los últimos meses, John Constantine y sus aliados han recorrido buena parte de la geografía mágica del Nuevo Universo DC y se han tropezado con alguno de los místicos más poderosos del planeta. Los guionistas Ray Fawkes y J.M. DeMatteis no han dado tregua a los héroes, que han pasado a velocidad de vértigo de un escenario a otro, y de una amenaza terrible a otra aún peor. Sin embargo, el desenlace de este crossover no traerá sosiego alguno a la vida de sus protagonistas. En el caso del ocultista de Liverpool, más bien al contrario.

La participación de Constantine en Maldad Eterna: Plaga ha girado en torno a dos grandes ejes: la derrota de un oponente superior y el descubrimiento (o la constatación) de que su cínico corazón podía latir con tanta ternura como el de cualquier enamorado. En verdad, el amor por Zatanna ha espoleado al mago durante el desarrollo de esta larga historia. Se trata de un afecto profundo que hunde sus raíces en el pasado de la pareja (y en el triángulo que formaba con Nick Necro). Sin embargo, este sentimiento debilitaba el carácter del hechicero, minando su imagen de maquinador sin escrúpulos. En el cuarto volumen de Constantine (cuya acción se sitúa inmediatamente después del octavo tomo de Liga de la Justicia Oscura), Ray Fawkes ha aprovechado la conclusión de la saga para purgar al personaje de esa impureza. Al final de este tomo asistimos, por tanto, a la lucha entre un hombre y su alma. Y quizá no sea una batalla que al insolente hechicero le importe perder.

Por fortuna para el lector, las andanzas de Constantine continúan allí donde el romance se acaba. De un lado, porque el viejo John tiene cuentas pendientes con la Secta de la Llama Fría. De otro, por el inminente estreno de una serie televisiva basada en sus aventuras. Con estos elementos en perspectiva, no parece que al cínico ocultista vaya a faltarle trabajo. Desdichado en el amor, afortunado en el juego.

Jorge García 

Artículo publicado originalmente como introducción de Constantine núm. 4.