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Un gran comediante actúa esta noche en la ciudad

DC Comics sabía cuánto se jugaba al revisitar el universo de Watchmen, una obra fundamental...
DC Comics sabía cuánto se jugaba al revisitar el universo de Watchmen, una obra fundamental que redefinió las bases del cómic norteamericano y que, con el paso de los años, ha adquirido un carácter totémico para los aficionados. La apuesta era alta, por lo que la editorial neoyorquina necesitaba una mano ganadora que convenciera incluso a los más escépticos de darle una oportunidad al proyecto, algo que en esta industria sólo se consigue con un equipo creativo a la altura. Así, al darse a conocer los nombres que participarían en Antes de Watchmen, las críticas apriorísticas comenzaron a dar paso a las especulaciones sobre el partido que semejante elenco de autores podría sacar al universo distópico creado por Alan Moore. Y de entre todos los nombres anunciados, uno de los que más expectativas levantó fue el de Brian Azzarello.

Este guionista afincado en Chicago (ciudad de gánsteres) ha obtenido el reconocimiento de la industria por insuflar prestigio al género hardboiled, dotando a sus historias de un estilo inconfundible que oscila entre el noir de terciopelo y una violencia cruda y sin concesiones. No es exagerado decir que Azzarello es, a día de hoy, uno de los autores más reputados del cómic USA, un escritor capaz de nadar con estilo en todos las aguas (como acredita su Wonder Woman del nuevo Universo DC), pero que se mueve con especial elegancia en las turbulentas corrientes del género detectivesco. Por tanto, cuando se supo que el creador de 100 Balas sería el responsable de las miniseries del Comediante y Rorschach, dos nombres que parecían encajar perfectamente en su cosmos creativo, no fueron pocos los que se entregaron al placer culpable de imaginar qué podría hacer Azzarello con tales personajes.

Afortunadamente no necesitaréis esperar más, pues este primer número de Antes de Watchmen: El Comediante ya desvela qué nos tiene preparado el escritor de Cleveland, que ha apostado por hibridar el género negro propio de sus mejores trabajos con la deconstrucción histórica que Alan Moore aplica en Watchmen. El resultado es un cómic que juega con gran astucia con los cabos sueltos de la historia americana de los años 60; un periodo que no se ha elegido por casualidad, como explica el propio autor durante una entrevista en Newsarama, ya que es en esta década cuando se producen los “momentos críticos en la vida de Eddie Blake”, las circunstancias que definieron su carácter hasta conformar al Comediante que conocimos en Watchmen. “Los 60 fue una década tumultuosa para América: tenía sentido explorarla con este personaje, descubrir cómo el Comediante influyó en aquel periodo y cómo aquella etapa le afectó a él, con momentos claves como la guerra de Vietnam”.

Así, Brian Azzarello nos trae a un Comediante en el momento álgido de su carrera: un hombre maduro que, merced a la Ley Keene que ilegalizó a los vigilantes, se ve obligado a abandonar su actividad como enmascarado y pasa a convertirse en agente del gobierno norteamericano, el hombre encargado de “sacar la basura” de los servicios de inteligencia, mezclándose su nombre con todas las operaciones sospechosas entre los años 60 y 80, desde el golpe de estado contra Salvador Allende hasta los (ficticios) asesinatos de los periodistas del Watergate: Woodward y Bernstein. Pese a todo, el autor nos muestra a un Eddie Blake menos cínico y descreído que el retratado por Moore, un hombre capaz de albergar sentimientos de lealtad y amistad, algo que nos sería difícil reconocer en el Comediante original.

Los motivos de esta evolución personal hacia la oscuridad comienzan a apuntarse en el cómic que tenéis entre manos, cuyas primeras páginas, en las que Blake juega al football en la casa de campo de la familia Kennedy, deja a las claras la intención del autor de meter la mano y remover la caja de los fantasmas de Norteamérica. Los compañeros de juego de Eddie en esta escena, Jack (JFK), Bob y Ted, son los tres hermanos Kennedy que realizaron carrera política, dos de los cuales fueron asesinados en circunstancias sin esclarecer: John Kennedy en 1963 durante una caravana presidencial en Dallas, y Bob Kennedy en 1968, cuando estaba a punto de ganar las primarias del partido Demócrata.

La vinculación del personaje del Comediante al asesinato del presidente Kennedy es lo primero que viene a la mente del lector mientras lee estas primeras páginas, en las que parece existir una sincera camaradería entre ambos. Cabe señalar, no obstante, que en la obra de Moore no hay alusión directa a dicho asesinato, tan sólo un chascarrillo que Blake se permite durante su fiesta de despedida del servicio activo, en la que asegura a políticos de la administración Nixon no saber nada del asesinato de Woodward y Bernstein, “pero no me preguntéis dónde estaba el día que mataron a Kennedy”. Si se trata de una simple broma o de una afirmación tácita, queda a expensas del lector, y es con esa duda con la que desea jugar Azzarello. De hecho, es solo en la versión cinematográfica de Zack Snyder donde se muestra de forma explícita al Comediante atentando contra el expresidente.

El autor nos ofrece, por tanto, una obra cargada de referencias no sólo al material original, sino a la cultura y política norteamericana de los 60 (no os perdáis cómo Blake contempla en la primera página la pelota de béisbol firmada por Joe DiMaggio, detalle que permite anticipar dónde se encuentra). Estamos ante un cómic que asume el reto de emplear el mismo contexto histórico que Watchmen, pero actualizándolo de modo que resulte atractivo al lector contemporáneo. Según explicaciones del propio Azzarello, “Watchmen es una obra de su tiempo, un clásico que refleja preocupaciones propias de su época, como el temor de la humanidad a destruirse a sí misma mediante la guerra nuclear, pero esos temores globales han sido remplazados por otros como el terrorismo. El objetivo ha sido escribir una historia que emplee los mismos marcos temporales, pero que refleje inquietudes contemporáneas”. Juzgad por vosotros mismos si lo ha conseguido. Yo diría que sí.

David B. Gil