Eccediciones
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Sin tiempo que perder

Un viaje al corazón del Sol. Un diagnóstico devastador. Un beso en la Luna. 12 tareas míticas.
El sacrificio definitivo.

Superman.

¿Y si el Hombre de Acero se estuviera muriendo? Pero muriéndose de verdad, y no al estilo lucha a muerte con Juicio Final, sino de forma lenta y privada, como podríamos hacerlo tú o yo, de lo que vendría a ser un cáncer terminal. ¿Qué haría el ser más poderoso del planeta con el poco tiempo que le quedara?

Esta es la pregunta que exploran en este cómic el gran guionista Grant Morrison, el ilustrador Frank Quitely y el artista digital Jamie Grant. Y la respuesta inolvidable es una gloriosa prueba a todo color de que con suficiente talento, habilidad e ingenio incluso uno de los héroes más familiares e infinitamente relatado y analizado de las últimas siete décadas se puede reinventar para que los lectores vuelvan a enamorarse de él y de su mundo.

Aunque la palabra “reinventar” no es la adecuada. Sí, todos los elementos familiares están ahí (junto a los más crípticos y deliciosamente frikis): el Daily Planet, Lois Lane, Perry White, Jimmy Olsen, Bizarro, Ma y Pa Kent, la Fortaleza de la Soledad, Krypto el Superperro y, por supuesto, el diabólico Lex Luthor.

Pero parecen renacidos, como si Morrison y compañía hubieran chasqueado los dedos y, de pronto, todos los personajes fueran la misma esencia de lo que los hace grandes, pero sin convertirse en clichés.

Perry, el eterno cascarrabias, también es el epítome de la integridad en el periodismo; Jimmy es un bobalicón, pero es todo un modelo de lealtad, entusiasmo y agilidad mental; Lois es tan independiente e inalcanzable para Clark como siempre, pero como novia de Superman es la prueba viviente de que Wonder Woman no tiene la menor oportunidad. Y Lex es pura maldad, pero con un estilo chulesco y una racionalidad muy meditada sobre lo que hace: no nos ponemos de su parte, pero entendemos sus motivaciones. Y luego está la creación original de este cómic, el profesor Leo Quintum. Con su laboratorio de P.R.O.Y.E.C.T.O. en la Luna, es la personificación de la Edad de Plata, y su intelecto estalla con invenciones de ciencia ficción como los megántropos anaeróbicos, los nanonautas o la yoctosfera infinitesimal. Leo es el Virgilio del Dante de Superman, su guía a través del fatal inframundo de la apoptosis (envenenamiento por radiación solar) donde ahora habita. Pues es el salvamento de la misión tripulada al Sol de Leo al principio de la historia lo que pone en marcha todo lo que le sigue.

Ya se ha escrito mucho sobre el trabajo que tienes en tus manos, y seguro que se escribirá más. El capítulo 10 en sí se merece una tesis doctoral sobre la construcción narrativa y la conectividad causal en la ficción. Toda la historia está tejida de forma tan cuidadosa que, incluso después de docenas de lecturas, sigo encontrando nuevas conexiones que no había visto antes. Por ejemplo, Superman se refiere de pasada a algo en la primera viñeta de la página 21 del segundo capítulo que en realidad es increíblemente importante y que no se vuelve a mencionar hasta la tercera viñeta de la página 12 del capítulo 12, con un efecto devastador.

Algunos de mis detalles favoritos:

• Cuando descansa, el caracolillo de Superman forma una “S” perfecta que complementa al símbolo de su pecho.
• En el primer capítulo, cuando Agatha, la ayudante sensible del profesor Quintum, le coloca la mano en la frente a Superman para leer su ADN, exclama: “Oh, es como Bach”. • En Mundo Bizarro (¡un cubo!), los continentes y los océanos están intercambiados respecto a los nues- tros y están invertidos (pon las páginas 4 y 5 del capítulo 7 frente al espejo para verlo). Mola mucho.
• A Clark se le caen las gafas en más de una ocasión, pero debido a la forma en la que altera su postura y porte, no queda claro que sea Superman. ¡Ni siquiera Lex Luthor se da cuenta! (El mero hecho de que le dé el crédito a Clark y no a Frank Quitely es otra prueba del extraordinario talento del Sr. Quitely.)
• Y, por supuesto, el momento ya legendario hacia el final del décimo capítulo en el que Superman crea –agárrate– a Joe Shuster y Jerry Siegel para que ellos puedan crearle a él en nuestra Tierra Q.

¿Y qué nos dice que este tratamiento de uno de los mitos americanos más icónicos sea obra de tres, ejem, escoceses? Quizás sea una coincidencia “bizarra”, pero se puede caer en la tentación de sugerir que la gente de Glasgow está perfectamente preparada para apreciar e interpretar al Hombre de Acero. Es más, a veces se necesita a un forastero para apreciar totalmente lo que tenemos en casa. Morrison ha dicho que su Superman es una metáfora de América en su máxima expresión. Él es la encarnación de la bondad humana pese al hecho de no ser humano (o quizás precisamente por ello). Así que una gente que no es americana aplica su talento a un icono americano que no es de la Tierra.

En este punto, creo que no fastidiaré nada al decir que lo verdaderamente extraordinario de esta historia sobre la mortalidad de Superman es que al final... él muere. Es cierto, existe la promesa de un segundo advenimiento, pero el Kal-El que hemos conocido y amado ha muerto.

Pero no puede morir, ¿verdad? Al terminar el último capítulo, de pronto me di cuenta con gran alivio de que no, no puede morir. Aunque DC decidiera ahora mismo dejar de publicar historias de Superman para siempre (no caerá esa breva), Superman viviría para siempre, y no solo porque sea un diseño genial de rojo, amarillo y azul. Es una idea, y una genial: el superpoder definitivo que quiere servir al mundo y no dominarlo. ¿Qué mejor lección podemos transmitirles a nuestros hijos y a las generaciones venideras?
Hacia el final del último capítulo, nuestro héroe usa las palabras del villano derrotado contra él: “¡Más vale maña que fuerza!”. Cierto, pero yo añadiría que un corazón puro vence a ambas cosas.

Como aquí. Y así:
Un guionista brillante. Un maestro del dibujo. Un mago del color. El último hijo de Krypton. Un beso de despedida. Un triunfo fascinante.

Chip Kidd, superfan
(Y orgulloso diseñador del logo de All-Star Superman)

Chip Kidd es un diseñador, escritor y editor de Nueva York. Su trabajo en Batman Animated, Peanuts: The Art of Charles M. Schulz y Mythology: The DC Comics Art of Alex Ross ha sido premiado con tres Eisner. También es el autor de Batman Collected, Bat-Manga! The Secret History of Batman in Japan y la novela gráfica Batman: Arquitectura mortal.