Eccediciones
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Renuncia a la luz

Los años noventa fueron una década difícil para los superhéroes tradicionales, cuyos autores debían recurrir a golpes de efecto para llamar la atención de los lectores y, así, mantener en el candelero a los personajes de toda la vida. Green Lantern, a pesar de haber experimentado unos años de notable expansión comercial, no era ninguna excepción. No obstante, el guionista Ron Marz tenía un plan para devolver a la franquicia un esplendor que no debía perder. Fue así como orquestó la saga Crepúsculo esmeralda, punto crucial de la trayectoria de Hal Jordan en que, afligido por la destrucción de Coast City y poseído por Parallax, emprendió un sendero de destrucción cuyo objetivo eran Oa y los mismísimos Guardianes.

A su paso, dejó los cadáveres de varios compañeros del Cuerpo que intentaron pararle los pies. Fue así como Marz, secundado por dibujantes como Bill Willingham (futuro creador de Fábulas) o Darryl Banks, allanó el terreno para la inminente simplificación de la franquicia, que solo iba a contar con un Green Lantern: el recién creado Kyle Rayner. La limpieza, por llamarla de alguna manera, incluyó a buena parte de los personajes que autores como Gerard Jones habían presentado durante los primeros años de la década. Todos sin casi ninguna excepción eran masacrados por un Jordan implacable, con lo cual Crepúsculo esmeralda adquirió el dramatismo que la ocasión requería y, por qué no decirlo, la violencia que los tiempos exigían.

La saga se publicó en 1994 y, durante más de una década, nada se supo de aquellos agentes del Cuerpo que habían muerto a manos de su compañero y amigo. No obstante, en 2006, Geoff Johns e Ivan Reis nos contaron cómo una nave alienígena se estrellaba en la Tierra. Dentro iba Tomar-Tu, uno de los fallecidos, que no podía más que balbucear que su objetivo era matar a Hal Jordan. Fue así como Guy Gardner y él emprendieron una misión que los llevó a Biot, el planeta de los Manhunters. Allí, para sorpresa de todos, estaban almacenados en animación suspendida aquellos agentes supuestamente muertos. Una vez despiertos, huelga decir que su primera reacción fue matar a Jordan, si bien todo cambió cuando supieron de su posesión y de su triunfal retorno. A partir de entonces, a aquel grupo se lo conoció extraoficialmente con el nombre de Lanterns Perdidos, y como tal participó en las grandes sagas de Johns, donde incluso alguno de ellos halló la muerte definitiva.

En el último número de Green Lantern, hubo tres de estos personajes que decidieron renunciar al uso de su anillo, que no a su puesto en el Cuerpo. No en vano, después de Apagón, saben que el consumo de energía del espectro emocional terminará destruyendo el universo cuando esta se agote, y no parecen dispuestos a contribuir a semejante catástrofe. Uno de ellos es el ya mencionado Tomar-Tu, nativo de Xudar, un planeta que se encuentra en el sector espacial vecino del de la Tierra. Para más señas, también es hijo de Tomar-Re, uno de los primeros y mejores amigos que hizo Hal Jordan cuando ingresó en la organización.

La creación de Tomar-Tu se debe al mencionado Gerard Jones y al dibujante Pat Broderick, que lo incluyeron en 1990 en la célebre trama en que Appa Ali Apsa, un Guardián del Universo enloquecido, raptaba fragmentos de diversos planetas para llevarlos a Oa y paliar así la soledad que sentía por la ausencia de sus congéneres. Unos meses después, cuando Jordan refundó el Cuerpo de Green Lanterns, Tomar estuvo entre los primeros elegidos para hacerse con un anillo y entrenarse a las órdenes del implacable Kilowog y al lado de los demás reclutas.

El debut de Graf Toren también se produjo durante el transcurso de una trama más importante que ensombreció su estreno y su potencial. No en vano, es un monje de la luz que juró enemistad eterna a la Cofradía Arácnida. De hecho, su obsesión es tal que suele proyectar la energía verde de su anillo dándole forma de telaraña. Creado por Chuck Dixon y Joe Staton en Guy Gardner núm. 11 (1993), se presentó en una espectacular escena en que terminaba cautivo de los draals, una raza alienígena que se dedicaba a abducir a Green Lanterns por motivos aún desconocidos. Otra de las víctimas fue el propio Gardner. Los experimentos de los alienígenas sirvieron como excusa para narrar el origen canónico de este último personaje en lo que fuera un “año cero” en toda regla.

Hannu, también llamado Honnu en algunas ocasiones, es el tercer “rebelde” que nos ocupa. Procede de Ovacron Seis, un planeta donde se considera inferiores a quienes portan armas, incluido el anillo de poder que le corresponde como Green Lantern. Es por esto por lo que el personaje prefiere recurrir a su fuerza y su resistencia naturales antes que a la luz verde aunque, eso sí, haga excepciones. Buena muestra de ello fue la batalla que los Lanterns Perdidos libraron contra el Anti-Monitor en La Guerra de los Sinestro Corps. El origen de Hannu se remonta a la propia saga Crepúsculo esmeralda, ya que Marz también creó para la ocasión a algunos personajes cuyo único objetivo era morir en el sendero de destrucción emprendido por Hal Jordan. Así pues, su posterior desarrollo fue cosa del propio Johns una vez huyó del planeta de los Manhunters, y ahora queda en manos del actual guionista de esta serie, Robert Venditti.

Es evidente que, si hablamos de combate cuerpo a cuerpo, Hannu es el más preparado de los tres Green Lanterns que renuncian a emplear sus anillos para ayudar a Jordan en la misión que se ha impuesto a sí mismo para preservar la reserva emocional el mayor tiempo posible. No obstante, en este número, Tomar-Tu y Graf Tren también tienen ocasión de mostrar su destreza en el combate sin armas, ya que se ven involucrados en la historia que tiene como adversaria a Nol-Anj, la Zafiro Estelar que gobierna un planeta entero al más puro estilo del Sinestro de los viejos tiempos. ¿Serán tan útiles sin el anillo o terminarán empleándolo obligados por las circunstancias?

Fran San Rafael

Artículo originalmente publicado en las páginas de Green Lantern núm. 26.