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JLA: Pesadilla de verano

Tengo la sensación de que, cuando se escriban las historias futuras del género superheroico, 1996 se verá como el año de un punto de inflexión. 40 años atrás, en las páginas de Showcase de DC, una versión renovada del personaje de Flash de la Edad de Oro inauguró la que terminaría siendo conocida como la Edad de Plata de los cómics y provocó un nuevo apetito por las hazañas estrafalarias de superhombres de ciencia ficción con habilidades extraordinarias. La Liga de la Justicia de América original de 1960 creció a partir de esa sensibilidad vanguardista e inspiradora, y sentó las bases para un auténtico Mardi Gras de trajes coloridos, poderes estrambóticos y aventuras imaginativas que dejaban sin aliento.

Y la Edad de Plata, claro, fue reemplazada por la que, a toro pasado, solo puede llamarse la Edad Oscura de los superhéroes, en la que el optimismo ya no servía y los personajes disfrazados quedaron desenmascarados como criaturas con defectos y problemas, igual que el resto de nosotros. Estuvo bien mientras duró y al menos dio lugar a dos auténticas obras maestras como El regreso del Caballero Oscuro de Miller y Watchmen de Moore y Gibbons, pero lo que empezó como una época de experimentación valiente y temas adultos, pronto se volvió algo pesado y repetitivo, y la década a partir de 1986 se caracterizó por una marea incesante de chalados serios y envarados ataviados con gabardina. Los nuevos “héroes” eran psicópatas dementes, pervertidos con complejo de Edipo y asesinos despiadados, que apenas se distinguían de los villanos de los que se encargaban de forma inmisericorde con un deslumbrante despliegue de armamento brutal. Entre los lectores y los creadores, crecía la sensación de que se había perdido algo y, dada la velocidad a la que están acelerando la cultura y la tecnología, no era sorprendente que la Edad Oscura terminara pasando de moda a un ritmo despiadado. Es el año 1996 y aquí estamos, en el umbral de la nueva transformación, de la nueva explosión.

Sin embargo, y dejando a un lado las lecciones de historia, lo que quiero decir, supongo, es que lo que sostienes en tus manos será visto, estoy seguro, como uno de los textos seminales del actual renacer superheroico. Este año se han publicado una serie de proyectos que comparten el deseo común de devolver cierto sentido de nobleza y grandiosidad al concepto del superhéroe y yo, por ejemplo, me siento aliviado y contento de ver que el círculo se aleja de la oscuridad y va hacia la luz.

Casi en solitario, el superescriba Mark Waid –en cómics como Flash, Impulse y Capitán América– ha rescatado al fin a los superhéroes del gueto de lo sombrío y descarnado. Su reciente y exitosa colaboración con Alex Ross en Kingdom Come ha establecido claramente el nuevo zeitgeist con un estilo épico. Ahora, en JLA: Pesadilla de verano, él y Fabián Nicieza –sin duda uno de los mejores y más analíticos guionistas que han surgido en Marvel en los últimos años– recrean la Liga de la Justicia como un panteón de figuras icónicas para el siglo XXI. Los mayores superhéroes del mundo.

Igual que en Kingdom Come, aquí hay un sentido fresco y poderoso de vigor renovado y positividad. Waid y Nicieza –asistidos de forma admirable por Jeff Johnson, Darick Robertson, Jon Holdredge y Hanibal Rodríguez– comprenden perfectamente lo que hace que funcione cada uno de esos personajes icónicos y establecen la nueva dinámica del grupo con una brevedad y una claridad admirables. Los nombres son los mismos, pero ya no son los personajes sosos y sin problemas de la Edad de Plata. La nueva Liga de la Justicia tiene que justificar su existencia en un mundo más sofisticado y receloso. Y, como en Kingdom Come, el énfasis en el heroísmo y la esperanza está teñido con un toque vigorizante de paranoia de fin del mundo. Ya no podemos aceptar ciegamente a la supergente como nuestros salvadores. Su misma presencia en el mundo genera preguntas éticas y morales que Pesadilla de verano intenta explorar.

Ha sido un año emocionante para los cómics generalistas, y cuando el “realismo” taciturno de la última década empieza a mutar hacia algo extraño y mágico, Liga de la Justicia: Pesadilla de verano se yergue como un hito y ofrece un vistazo de las posibilidades que hay por delante.

Nuestros héroes han vuelto, sin duda. Ahora, depende de nosotros decidir si los queremos o no.

Grant Morrison

Glasgow, agosto de 1996

Artículo publicado originalmente como introducción de JLA: Pesadilla de verano.