Eccediciones
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El monarca submarino

¿Has llegado tú hasta las fuentes del mar, te has paseado por las profundidades del abismo?
Job, 38-16


Aquaman es una de las primeras divinidades del panteón superheroico de DC Comics. Fue creado en noviembre de 1941 por Paul Norris para el número 73 de la revista More Fun Comics (en cuyas páginas también debutó Green Arrow). Aquella aventura inaugural enfrentaba al rey del mar contra un complot nazi confiriéndole al per­sonaje un origen ligeramente diferente al actual, pero presentándolo con el atuendo y los poderes que lo distin­guen hoy en día. Entre otras habilidades, hacía gala de una fuerza descomunal, una habilidad sobrehumana para respirar bajo el agua y una capacidad asombrosa para comunicarse telepáticamente con las criaturas marinas. Armado con estos atributos, devino un personaje muy popular durante la Edad de Oro de los cómics (es decir, la primera mitad de los cuarenta). Pero, como casi todos sus compañeros, languideció en la segunda mitad de aquella misma década.

No obstante, sobrevivió a los rigores de los años cincuenta apareciendo mensualmente en la cabecera Adventure Comics (junto a sus compañeros Superboy y Green Arrow). Sus historietas destilaban un encanto muy especial producto de la buena sintonía existente entre el guionista Robert Bernstein y la dibujante Ramona Fradon (una de las pocas autoras involucradas entonces en la industria de los cómics). Juntos crearon un universo maravilloso, ingenuo y genuino en el que Aquaman se movía como pez en el agua. Ese mundo submarino —a ratos aventu­rero, a ratos doméstico— estaba poblado por extraños habitantes, como el pulpo Topo (mascota de Aquaman), Aquagirl (ayudante ocasional del héroe oceánico) o el adolescente Aqualad (cuya primera aparición se remonta a 1960).

Los años sesenta, Edad de Plata del cómic de superhéroes, fueron pródigos con nuestro héroe. En 1962, mereció una cabecera bimestral: Aquaman, escrita por autores como Jack Miller o Bob Haney y dibujada por el gran ar­tista Nick Cardy. En su páginas, se descubría que el rey del mar se llamaba Arthur Curry, que era hijo de un farero y una atlante, que estaba enamorado de la princesa Mera, con la que contrajo nupcias y con quien tuvo un hijo llamado Arthur Curry Jr. En 1967, el monarca submarino alcanzó la cúspide de su fama gracias al estreno de un programa televisivo de dibujos animados (que compartía con Superman).

En 1968, el guionista Steve Skeates y el soberbio dibujante Jim Aparo, recién llegados de la editorial Charlton Comics, iniciaron una etapa memorable. En ella, las aventuras de Aquaman adquirieron tintes más sombríos y adultos en arcos argumentales extensos, dramáticos y sofisticados. A esta etapa pertenecen villanos tan emble­máticos como el Amo del Océano o el Pescador. Fue una época que se prolongó durante más de una década y que culminó en 1977 con una saga escrita por David Michelinie sobre el asesinato del hijo de Aquaman a manos del villano Manta Negra. El soberano del océano jamás se recuperó de este golpe.

A principios de los ochenta, la presencia de nuestro héroe se redujo a apariciones esporádicas en cabeceras como DC Comics Presents o Liga de la Justicia. Pero en 1986 volvió por la puerta grande con una serie limitada de cuatro episodios escrita por Neal Pozner y bellamente dibujada por Craig Hamilton (que diseñó un nuevo uniforme para la ocasión). Pero el verdadero artífice de la entrada de Aquaman en la modernidad fue el guionista Peter David. Este prolífico escritor integró al rey submarino en los pliegues de una mitología que había creado previamente en la serie The Atlantis Chronicles (1990). El resultado fue la serie limitada Time and Tide (1993), donde remodeló el origen de Aquaman en una historia cuyo tono recordaba a veces al de El libro de la selva de Rudyard Kipling. El título tuvo éxito y propició el lanzamiento de una nueva cabecera mensual escrita por David. Allí, Aquaman perdió la mano izquierda en un episodio memorable. Acto seguido, sustituyó el miembro amputado por un arpón que le confería un aspecto más hirsuto y salvaje, acorde con la estética de los violentos superhéroes de los noventa.

En esta serie, David y el dibujante Marty Egeland alcanzaron un difícil equilibrio entre aventura, humor, suspense y drama. Con su ayuda, Aquaman recuperó la popularidad a mediados de los noventa. La partida del guionista dejó un vacío que sus reemplazos —profesionales como Dan Jurgens o Erik Larsen— llenaron con dificultad hasta la cancelación de la cabecera en 2001. Desde entonces, se han sucedido los autores que han intentado galvanizar al personaje. Rick Veitch ofreció una versión mística del mismo (y sustituyó el arpón por una mano hecha de agua a presión). Will Pfeifer y Patrick Gleason lo situaron medio de un paisaje desolado y apocalíptico: el epicentro de un cataclismo en San Diego. Y Kurt Busiek y Butch Guice lo sustituyeron por un primo lejano, llevando la serie hacia el terreno del suspense y de la fantasía heroica.

Hoy, Aquaman ha recuperado su ascendiente entre los lectores gracias al tratamiento regio y majestuoso que Geoff Johns e Ivan Reis le han dispensado recientemente. Como remate, su aparición en el largometraje Batman v Superman, y su anunciada presencia en Liga de la Justicia (interpretado por el actor Jason Momoa) lo han situado en el vértice de la actualidad. En pleno siglo XXI, el rey de las profundidades sale de nuevo a la superficie.

Jorge García 

Artículo publicado en las primeras páginas de More Fun Comics (1941-2016): 75 años de Aquaman ¡Ya disponible en vuestra librería habitual!

Previa de More Fun Comics (1941-2016): 75 años de Aquaman