Eccediciones
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Desencuentros

Si hay algo que define a la perfección este nuevo volumen de Y, el último hombre son los encuentros y desencuentros que tienen lugar en él. Las primeras páginas del mismo se centran en la conclusión de Ciclos, el segundo arco argumental de la serie donde se suceden acontecimientos significativos; y cada nuevo descubrimiento redefine y amplía el mundo de Yorick, que viaja atrapado en una lucha interior con sus sentimientos y la responsabilidad que pesa sobre sus hombros.

En el anterior volumen de Y, el último hombre partimos desde Nueva York, la capital oficiosa del mundo occidental y residencia de Yorick y su mono Ampersand (recordemos, únicos ejemplares masculinos de cualquier especie que quedan con vida), y llegamos hasta Washington, sede del casi desaparecido gobierno de Estados Unidos y hogar de la madre de Yorick. Allí le encomendaron la misión de encontrar a la Dra. Mann, una genetista residente en Boston que podría ayudar a resolver la encrucijada en la que se encuentra la humanidad. Ya en ese primer ciclo argumental pudimos ver que la aparentemente sencilla misión de ir de A a B y una vez allí ser clonado no va a resultar nada sencilla: a pesar de ser una orden de la presidenta, que no busca sino salvar a la humanidad, hay numerosos grupos que se oponen de un modo u otro. Una de las consecuencias directas es que el laboratorio de Boston voló por los aires, y así nos encontramos a los protagonistas camino de una solución alternativa en San Francisco en este tomo. Dicho cambio de planes supone ni más ni menos que cruzar EE.UU. de un extremo al otro, algo que, en un mundo en el que todo escasea (energía, alimento, organización... hombres), no es precisamente una situación ideal.

Es Y, el último hombre una narración basada en el viaje de Yorick, no solo físico, sino personal y espiritual. Un viaje en el que en un nivel conoce a multitud de personajes, unos aliados y otros tremendamente agresivos con su propósito. A otro nivel más profundo, honrando aquel viejo aforismo que reza “Conócete a ti mismo” (Temet nosce en latín), Yorick debe descubrir cuál es exactamente su papel en este nuevo mundo, y poco a poco ir asumiendo que su existencia es demasiado importante como para arriesgarla a cada momento. Un viaje en el que lo racional y lo pasional están en constante enfrentamiento, con el corazón ordenando a Yorick que ponga rumbo a Australia para ir a buscar a su idealizada novia, Beth (la única mujer que realmente le interesa en un mundo lleno de mujeres), pero su mente reteniéndole en una misión de improbable éxito. En este tomo también vemos cómo el viaje pone a prueba constantemente los sentimientos de Yorick, en este caso con la presencia de Sonia, una de las habitantes de Marrisville por las que siente atracción. Esto, junto a otro dramático reencuentro, le lleva a cuestionarse si debe aferrarse a un pasado que pertenece a un mundo desaparecido (lo que le dicta su corazón), o si debe reforzar su lucha por el futuro de un mundo nuevo, uno aún por definir, uno que descubre con cada nueva parada en el camino.

Y tras su paso por Ohio, Yorick y compañía se dirigen a Kansas, inaugurando el tercer arco argumental de la serie, en el que se produce una tremenda revelación que da nuevas e importantes pistas sobre la misteriosa desaparición del género masculino, y de paso ofrece soluciones alternativas a la que representa Yorick. Las consecuencias de dicha revelación no las conoceremos hasta el tercer volumen de la serie, pero Brian K. Vaughan sabe cómo mantener el interés página tras página, número tras número, así que el desenlace podría no ser el que uno pueda imaginar usando la lógica.

A pesar del tiempo transcurrido tras la finalización de la serie en 2008, la colección sigue generando noticias jugosas. La edición original en comic-book de Y, el último hombre solía incluir una cita en cada portada, subrayando la buena acogida a nivel de crítica de la que gozó la serie desde el primer momento. Fue precisamente en uno de los números contenidos en este segundo libro, el 10 (con fecha de junio de 2003), en el que se incluyó una reveladora cita de Cinescape.com que no hacía sino expresar el sentimiento generalizado de estar frente a una obra de ficción excepcional: “Este es un cómic que ruega ser filmado”. La adaptación de la obra maestra de Brian K. Vaughan y Pia Guerra a la gran pantalla ha sido un proyecto largamente rumoreado y acariciado por Hollywood, aunque nunca ha llegado a concretarse nada. Recientemente ha entrado en una fase decisiva dado el interés de New Line Cinema, que ha decidido priorizar su producción sobre otros proyectos, e incluso ha nombrado de forma oficial quién será su director: nada menos que Dan Trachtenberg, un director primerizo con experiencia produciendo programas para Internet, y cuyo mayor éxito ha sido una excelente adaptación no oficial del videojuego Portal, que con el título de Portal: No Escape ya acumula más de doce millones de visionados en YouTube y una montaña de críticas positivas.

Para las labores de escritura cuentan con los servicios de Matthew Federman y Stephen Scaia, conocidos sobre todo por la serie Jericho (que guarda cierta similitud en su ambientación con Y, el último hombre) y otras como Almacén 13 o Escudo humano, una fallida adaptación de otra serie Vertigo. Entre los productores encontramos al propio Vaughan, vigilando celosamente el desarrollo de su criatura. Sobre la idoneidad del formato fílmico (incluso con la extensión de una trilogía, como se ha rumoreado durante más de un lustro) a la hora de adaptar la historia se podría discutir largo y tendido. Tal vez su estructura episódica, marcada sobre todo por los cambios de localización y la presentación constante de nuevos personajes, se presta más a una adaptación en forma de serie televisiva, pero en cualquier caso las palabras de Cinescape.com resultaron ser proféticas y es difícil negar que dicha adaptación sería llamativa para cualquier aficionado. Mientras eso se produce (o no), os invitamos a seguir disfrutando de la serie en su medio original, de calidad sobradamente reconocida.

David Chaiko