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Batman noir

Preguntado sobre la experiencia de escribir y dibujar historias protagonizadas por el Hombre Murciélago, en su momento Frank Miller comparó al personaje con un diamante indestructible: “Puedo estrellarlo contra una pared o contra el techo sin que sufra el menor daño. Tan solo es cuestión de encontrar una cara que no haya sido utilizada con anterioridad”. Para en última instancia —cabría añadir— lograr que a la luz de la personalidad propia de cada autor, el diamante proyecte un destello que atesore un matiz diferenciador.

El paso del tiempo y la imaginación de incontables equipos creativos han demostrado la flexibilidad del mítico personaje, capaz de adaptarse a las más variadas interpretaciones. Pero no cabe duda de que, por las características esenciales e inmutables desde su creación en 1939, Bruce Wayne y su álter ego superheroico se adaptan a la perfección a los códigos dramáticos, argumentales y ambientales del género negro. Es por ello por lo que los editores y directivos de turno han recurrido con frecuencia a autores familiarizados con esta vertiente de la ficción; y cuando se trata de vincular cómic americano y género negro, resulta inevitable sacar a colación los nombres de Brian Azzarello y Eduardo Risso.

El bien avenido equipo creativo acumula méritos más que suficientes para pasar a la historia del medio, gracias a una sinergia cimentada sobre la co- munión de sensibilidades. Si en Jonny Double (1998) dieron muestras de su idoneidad para abordar el noir, en 100 balas (1999-2009) deslumbraron con todo un tratado sobre el género merecedor del aplauso unánime de la industria. Como cabía suponer, pocos lectores pasaron por alto que los grises morales de los guiones de Azzarello —deudores del trabajo de Raymond Chandler y David Goodis— y el contraste de blancos y negros apreciable en las páginas de Risso —con evidentes rastros de la influencia de José Muñoz, Alberto Breccia y Frank Miller— parecían ajustarse a la perfección a la “gama cromática” de Gotham City. Curiosamente, ambos autores habían mostrado cierta reticencia al género superheroico... con la ilustre excepción del Caballero Oscuro; tal vez porque, como apunta el dibujante argentino, “a Batman me lo puedo creer, es más humano”. Así que parecía tan solo cuestión de tiempo que el sueño de muchos aficionados se viera cumplido.

Fue en el año 2000 cuando por fin participaron en la cabecera Batman: Gotham Knights, que por aquel entonces incluía en cada entrega una historia de complemento en blanco y negro. El número 8 de la colección escenificó la primera toma de contacto de los autores con el rincón del Universo DC que gravita en torno a Bruce Wayne y su álter ego, decantándose por un breve relato en el que el Cruzado de la Capa se enfrentaba al inquietante Victor Zsasz, dando lugar a una reveladora conversación durante la cual el asesino en serie creado por Alan Grant y Norm Breyfogle (Batman: Shadow of the Bat núm. 1, 1992) exponía sus motivaciones.

Las sensaciones fueron, sin duda, positivas. Pero el talento de la dupla artística parecía destinado a empresas más ambiciosas; especialmente con 100 balas mejorando número a número, hasta consagrarse como una de las colecciones más aclamadas del momento. Un éxito que derivó en la firma de un contrato en exclusiva por parte de Azzarello, que llevó aparejada la asignación de encargos a la altura de su merecida fama: las colecciones Superman y Batman. En el segundo caso, sucediendo a Jeph Loeb y Jim Lee tras Silencio (2002-2003), arco argumental con el que catapultaron las cifras de ventas de la serie hasta convertirla en todo un best seller. Lo cierto es que por aquel entonces Azzarello y Risso ya estaban trabajando en una novela gráfica protagonizada por el Hombre Murciélago; pero el guionista prefirió llamar al editor Bob Schreck para sondear la posibilidad de desarrollar ese proyecto dentro de la serie regular. Así sucedió, de modo que las páginas de Batman núms. 620 a 625 (2003-2004) acogieron la historia titulada Ciudad rota, totalmente independiente de entregas anteriores de la colección.

En declaraciones realizadas durante la promoción de esta etapa, Azzarello afirmó que cada vez que escribe a Batman, prefiere abordarlo desde un ángulo diferente, de forma que si en la precedente Batman: Fuego cruzado optó por “una especie de James Bond, pero a un nivel urbano”, en Ciudad rota se decantó por el arquetipo del “detective privado amargado”. Porque esta historia no deja de ser un intrincado whodunnit vinculado a la tradición más clásica del género negro.

La tercera aproximación del tándem creativo al Caballero Oscuro llegaría cinco años más tarde, como consecuencia de un proyecto muy especial coordinado por Mark Chiarello: Wednesday Comics (2009), publicación semanal en formato similar al de los diarios “sábana” de antaño, en el que los autores más renombrados de la editorial serializaron diferentes historias a modo de homenaje a las clásicas historietas dominicales. En palabras del guionista: “Inicialmente, pensamos en contar 12 historias diferentes de Batman, pero creo que el propio personaje no invita a ese tipo de tratamiento. En tiempos de los cómics dominicales, Batman habría protagonizado una historia serializada, así que comencé a pensar en Dick Tracy, y en cuanto hice esa conexión, todo cobró sentido”. Esta decisión permitió a Azzarello y Risso adentrarse en la vertiente hard-boiled del género negro —femme fatale incluida—, rendir tributo a Chester Gould y sacar todo el partido a un formato que invitaba a experimentar con la na- rración, culminando cada página con un cliffhanger de infarto.

Apenas transcurrieron un par de años hasta que visitaron de nuevo Gotham City, esta vez en sorprendentes circunstancias: siendo autores del más alto nivel, nuestros protagonistas están en un punto de sus carreras en el que pueden elegir libremente los proyectos en los que participan. De ahí que inicialmente pareciera extraña la decisión de formar parte de Flashpoint, crossover ideado a modo de justificación argumental del nacimiento del Nuevo Universo DC. Todo cobró sentido, sin embargo, en cuanto se conocieron detalles sobre su aportación a la macrosaga: bajo el título Batman: El Caballero de la Venganza (2011), la trama urdida por Azzarello y Risso partió del suceso que dio nombre al Callejón del Crimen para reformular la leyenda del Hombre Murciélago, confiriéndole un halo más trágico mediante el planteamiento de una hipótesis que revolucionó las ideas preconcebidas sobre el personaje. Versión alternativa del mito, deudora de la línea Otros Mundos y recibida como una de las mejores obras recientes de Batman.

Retomando el símil establecido por Frank Miller en las líneas iniciales de este texto, no cabe duda de que Brian Azzarello y Eduardo Risso han logrado encontrar las caras diferenciadoras de ese diamante irrompible que es el Mejor Detective del Mundo: aquellas que les permitieron observar e interpretar a este icono de la cultura popular desde ángulos coincidentes con sus inquietudes autorales para, en última instancia, crear las cuatro piezas de este volumen. Ficciones con las que sin duda se han ganado el derecho a formar parte del selecto grupo de Grandes autores de Batman.

David Fernández

Artículo originalmente publicado como introducción de Grandes autores de Batman: Brian Azzarello y Eduardo Risso - Ciudad rota y otras historias.